El bajón después de las fiestas
Querido diario,
Es enero y parece que todo el mundo espera que empiece el año con energía, claridad y motivación. Como si el simple cambio de calendario tuviera que traer respuestas nuevas, hábitos perfectos y una versión mejorada de mí. Pero la verdad es que no me siento así. Me siento cansado/a, un poco perdido/a y con más dudas que certezas.
Escucho constantemente frases como “año nuevo, vida nueva”, “este año sí”, “todo empieza ahora”. Y aunque intento contagiarme de ese entusiasmo, dentro de mí aparece una presión difícil de sostener. Siento que tengo que saber qué quiero, hacia dónde voy y cómo conseguirlo… y no siempre lo sé.
Me descubro comparándome con los demás: con quienes parecen tenerlo todo claro, con quienes ya han empezado el año con objetivos definidos. Y entonces aparece la sensación de ir tarde, de no estar a la altura, de empezar desde atrás. Como si enero fuera una carrera y yo ya hubiera perdido los primeros metros.
A veces incluso me cuesta disfrutar de los pequeños avances, porque estoy demasiado pendiente de lo que “debería” estar haciendo ya. Me exijo resultados rápidos, cambios visibles, señales claras de que voy por el buen camino, olvidando que los procesos personales no entienden de calendarios.
Hoy pensé que quizá no necesito empezar fuerte, sino empezar siendo honesto/a conmigo. Tal vez enero no tenga que ser un mes de grandes decisiones, sino de escucha. De aceptar que vengo cansado/a del año anterior y que también necesito tiempo para recolocarme.
¿Te pasa algo parecido?
Enero suele venir cargado de expectativas, autoexigencia y comparación. No todos empezamos el año desde el mismo lugar emocional, y eso también es válido.
En el Centro de Psicología Elsa Martín de la Cal, en Valladolid, te acompañamos para que el inicio del año no sea una fuente de presión, sino una oportunidad para escucharte, respetar tus tiempos y construir objetivos realistas. No tienes que empezar perfecto/a. Solo tienes que empezar siendo tú.

